La Bitácora de la Lucer

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Debaten sobre manipulación psicológica a la infancia

19/04/2015

Debaten sobre manipulación psicológica a la infancia.

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Los números de 2014

30/12/2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 980 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 16 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

De la dictadura y otros tiempos

20/11/2014 1 comentario

invi final

Un cronopio en México

06/10/2013

cronopioNo es fácil ser cronopio. Lo sé por razones profundas, por haber tratado de serlo a lo largo de mi vida; conozco los fracasos, las renuncias y las traiciones. Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto. Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo, contrabajo, contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y que tiene fuerza de ley. Y ser cronopio es difícil e intermitente, igualmente difícil es representar a los cronopios, dibujarlos o esculpirlos. Muy pocas veces he visto imágenes ante las cuales se pudiera decir: “Buenas salenas, cronopio cronopio”. El club (el de Estocolmo) me envió hace mucho los dibujos de un niño llamado Miguel; ese niño había visto, estaba del lado de ellos. Y cuando Pablo Neruda fue a Estocolmo para recibir el premio Nobel, el club le regaló un cronopio de felpa roja que Pablo guardó con amor y celebró en un mensaje que ya he citado en otra parte pero que repetiré aquí: ¡Cronopios de todos los países, uníos! Contra los tontos, los dogmáticos, los siniestros, los amarillos, los acurrucados, los implacables, los microbios. ¡Cronopios! ¡De frente, marchen!

(Dos años antes del trágico 11 de septiembre, esos calificativos de Pablo parecen aplicarse ya a Pinochet y a sus cómplices; el tiempo de los poetas es diferente del de los calendarios, pero muy pocos lo saben y muy poco escuchan).
Julio Cortázar – Papeles Inesperados.

Se querían

04/10/2013

se querían

Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

Vicente Aleixandre

El Amor Romántico como utopía emocional de la posmodernidad

19/08/2013

amor_egoista_by_nelyana-d52hcimNecesitamos enamorarnos del mismo modo que necesitamos rezar, leer, bailar, navegar, ver una película o jugar durante horas: porque necesitamos trascender nuestro “aquí y ahora”, y este proceso en ocasiones es adictivo. Fusionar nuestra realidad con la realidad de otra persona es un proceso fascinante o, en términos narrativos, maravilloso, porque se unen dos biografías que hasta entonces habían vivido separadas, y se desea que esa unión sitúe a los enamorados en una realidad idealizada, situada más allá de la realidad propiamente dicha, y alejada de la contingencia. Por eso el amor es para los enamorados como una isla o una burbuja, un refugio o un lugar exótico, una droga, una fiesta, una película o un paraíso: siempre se narran las historias amorosas como situadas en lugares excepcionales, en contextos especiales, como suspendidas en el espacio y el tiempo. El amor en este sentido se vive como algo extraordinario, un suceso excepcional que cambia mágicamente la relación de las personas con su entorno y consigo mismas. Ver artículo.

¿Es egoísta el amor romántico?

19/08/2013

YOU-AND-ME-love-23647705-300-300Si los románticos son proclives a esta frustración  es porque la fusión entre dos personas no es nunca total; somos unidades, absolutos en sí; no seres imperfectos a la espera de ser completados. De modo que por mucho que tratemos de vivir el amor como una ola arrasadora en la que toda nuestra vida (trabajo, amigos, familia, y otras pasiones) queda sepultada, la realidad es que nadie puede, por sí solo, cubrir todas las necesidades afectivas de una persona.

Ver artículo

 

Las soledades posmodernas y las redes de amor

19/08/2013

soledad…mucha gente busca compañía a cualquier precio y se angustia. Mujeres y hombres cuya pasión absoluta es el amor, la conquista, el sentirse querido, querer al otro, pelearse, reconciliarse. Hay gente a la que se le nota a kilómetros que se encuentra sola y necesita pareja. Gente que necesita ser amada, sentirse acompañada y protegida. Gente que mendiga el amor y se victimiza para parecer más indefensa. Gente que se infantiliza para crear ternura. Gente que se disfraza y se opera el cuerpo para obtener el triunfo social de tener un hombre o una mujer a su lado. Gente que se siente cómoda en la división de roles de género, gente que se encierra en la pareja con candado y echa la llave al Sena en París.

Ver artículo

 

El hambre

27/07/2013

hernandezTened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.
El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.
Los años de abundancia, la saciedad, la hartura,
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.
Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.
Años del hambre han sido para el pobre sus años.
Sumaban para el otro su cantidad los panes.
Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños
de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.
Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,
cicatrices y heridas; señales y recuerdos
del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:
cerdos con un origen peor que el de los cerdos.
Por haber engordado tan baja y brutalmente,
más abajo de donde los cerdos se solazan,
seréis atravesados por esta gran corriente
de espigas que llamean, de puños que amenazan.
No habéis querido oír con orejas abiertas
el llanto de millones de niños jornaleros.
Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas
a pedir con la boca de los mismos luceros.
En cada casa, un odio como una higuera fosca,
como un tremante toro con los cuernos tremantes,
rompe por los tejados, os cerca y os embosca,
y os destruye a cornadas, perros agonizantes.
II
El hambre es el primero de los conocimientos:
tener hambre es la cosa primera que se aprende.
Y la ferocidad de nuestros sentimientos,
allá donde el estómago se origina, se enciende.
Uno no es tan humano que no estrangule un día
pájaros sin sentir herida en la conciencia:
que no sea capaz de ahogar en nieve fría
palomas que no saben si no es de la inocencia.
El animal influye sobre mí con extremo,
la fiera late en todas mis fuerzas, mis pasiones.
A veces, he de hacer un esfuerzo supremo
para acallar en mí la voz de los leones.
Me enorgullece el título de animal en mi vida,
pero en el animal humano persevero.
Y busco por mi cuerpo lo más puro que anida,
bajo tanta maleza, con su valor primero.
Por hambre vuelve el hombre sobre los laberintos
donde la vida habita siniestramente sola.
Reaparece la fiera, recobra sus instintos,
sus patas erizadas, sus rencores, su cola.
Arroja sus estudios y la sabiduría,
y se quita la máscara, la piel de la cultura,
los ojos de la ciencia, la corteza tardía
de los conocimientos que descubre y procura.
Entonces solo sabe del mal, del exterminio.
Inventa gases, lanza motivos destructores,
regresa a la pezuña, retrocede al dominio
del colmillo, y avanza sobre los comedores.
Se ejercita en la bestia, y empuña la cuchara
dispuesto a que ninguno se le acerque a la mesa.
Entonces sólo veo sobre el mundo una piara
de tigres, y en mis ojos la visión duele y pesa.
Yo no tengo en el alma tanto tigre admitido,
tanto chacal prohijado, que el vino que me toca,
el pan, el día, el hambre no tenga compartido
con otras hambres puestas noblemente en la boca.
Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera
hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente.
Yo, animal familiar, con esta sangre obrera
os doy la humanidad que mi canción presiente.

MIGUEL HERNÁNEZ
(De ‘El hombre acecha’)

De cuando la verdad tiene estructura de ficción

25/07/2013 5 Comentarios

tristezaElla fue al súper  e hizo todas las compras. Le había pedido que él pagara con su tarjeta porque ella estaba en una situación económica catastrófica. Monto que a fin de mes debía devolver con intereses. Casi no hablaban. A veces trabajan juntos, brevemente, pero no había mayor comunicación. Parecían más unidos por el espanto que por el cariño. Ella sentía cierta humillación por la situación, pero sus problemas eran tantos que no soportaba agregar uno más a su patrimonio de penas.  El año había venido mal y así seguía.

Ella de un andar rápido, de cabello negro, corto, y un humor raro. Con algunas personas era un dulce y con otras …a según, era una perra. Él…bueno ella nunca supo definirlo, su corazón se pintaba en su rostro. Inquieto, denso, oscuro, podrían decirse muchas cosas, pero una palabra lo definía al parecer: retorcido.

¿Qué les unía? Nunca supimos. Ni su hermana -mi amiga- y mucho menos yo. Mi amiga cuando hablaba de él se iba transformando y se podía notar en su rostro la decepción y la frustración. ¿Pero qué tiene? -le preguntaba- como para entender ese sentimiento. Y mi amiga no lo podía poner en palabras, solo se ponía roja y decía “Hay algo aquí –mientras señalaba su corazón- que me dice que no es buena persona”.

Esa siesta ella salió del súper se despidieron y ambos se dirigieron a sus respectivos vehículos, ella subió todas las compras, hacía 45 grados de calor y el sol lastimaba la vista. Vio a una señora japonesa pasar con medias largas y blusa de mangas largas y no podía dejar de mirarla, azorada, preguntándose cómo podía soportar el calor. Subió al fin a su auto, habían pasado dos minutos, y arrancó. Bueno, intentó que el auto arrancara. Y por más que trató no pudo lograrlo. Finalmente, lo llamó, considerando que estaría aún cerca.

_Hola, ¿podés creer que el auto no me arranca?
_Ah…¿y tu mecánico trabaja hoy?  dijo él.
– No, que va a trabajar un sábado, respondió ella.
_Llamale a la grúa, le sugirió entonces él. No había tenido la menor intención de ayudar. Y como una larga lista de pendientes se le presentaron situaciones en las que lo había llamado para solicitar ayuda y las respuestas fueron parecidas.
_Sí, eso haré –dijo ella. Hacía rato había incurrido en la irresponsabilidad tan típica -en esa ciudad-  de andar sin seguro, debido a la enfermedad que le aquejaba. Había dejado todo. Estaba literalmente en bancarrota. Había vendido la poquita joya de valor que alguna vez había tenido, hizo ferias de garaje hasta que prácticamente se quedó sin ropa, cambiando casi por monedas cuanto tenía para poder comer.

Salió del auto y sintió que el calor le embargaba todo el cuerpo, no sabía si era real o era la sensación de desamparo. Se quedó parada largo tiempo en la calle, como sin saber  qué hacer. Parecía ni reconocer en dónde estaba. Trató de sacar el celular y no podía hallarlo, finalmente cuando lo hizo, no los vio venir, casi que ni se dio cuenta cuando le arrancaron el teléfono de la mano y uno de ellos la apuntó con un pequeño revolver y le dijo “dame la cartera” o si no te mato.

Entregó todo cuanto tenía y se quedó como sonámbula. No sabía cuánto había caminado,  quería saber a dónde dirigirse pero no atinaba a saber con certeza si se dirigía hacía su casa. Luego, se desplomó.

Cuando se despertó estaba tranquila, acostada en un catre de esos hechos con tiras de cuero, bajo el ybapovó, vientesito fresco, en una especie de relax total. Era el campo de Roxi, su amiga de la infancia. ¿Qué  hacía ahí? No sabía. Buscó a su amiga y no estaba por cerca. Pensó que quizá andaba viendo las cimbras, oteando el campo, mirando sus vacas. Lo cierto es que no sabía muy bien que hacía ahí, pero tampoco le importaba mucho. De pronto se acordó de él. Le dolía el corazón cuando pensaba en él. Cuánto daño –por lo visto- le había hecho.

El puto patriarcado es muy cabrón  y como tal coloca esos atributos, que si uno o una no las cumple, el otro te puede cobrar caro. Aprisionados ambos, aunque dijeran que no, cumplían a cabalidad ciertos mandatos sociales.

Se acordó un día cuando ella le dijo “para vos el amor es ir de la concha a las tetas” y nada más. El otro se quedó viéndola como diciendo ¿por qué mierda me decís así, eso, por qué, qué hice? Y en parte era verdad, él se había preocupado en obtener información pero tenía una imposibilidad orgánica para ser compañero. “Solo servís para amante, y a veces ni para eso”, le había dicho ella.

Hija de putaaaaa!!!! qué cruel había sido con él. Le cobró todas sus dolencias, todas las afrentas, todos los abandonos y, sobre todo, todos sus miedos. Tanto le cobró que si bien él había calificado para tales reacciones era como que ella le había puesto mucho afán en el ajuste de cuentas.

Demás está decir que jugaban en ligas diferentes. Ella era mayor que él. Y si él había cumplido con todos los significantes del hijo de puta, abandónico, mujeriego, machista con intenciones supuestas de no serlo, ella se había encargado de hacer justicia por mano propia. Y cómo la hizo.

Ella, por su parte, navegaba en la frivolidad absurda de tratar  de conjuntar todo aún sabiendo que eso era imposible. Un poco inasible para no decir incogible. Gustaba de andar sola y por meses cambiaba de estados de ánimo. A veces era súper fiel, otras disfrutaba de su soledad, como el helado de chocolate y frutilla, que era su perdición, y a veces hacía gala de su fase de coleccionista. No dejaba títere con cabeza, se sabía linda, interesante pero más sabía que desde que empezaba a hablar en cierto tono de voz, al cual le ponía todo su empeño, casi que no se le resistían.  Era muy puta cuando quería, le gustaba y encima disimulaba bien.

Su deporte favorito había parecido ser hacerlo pelota cada vez que podía. Esa relación era una batalla campal. Él viajaba mucho y es verdad, que en la distancia se amaban muchísimo. Cuando sucedía hablaban skype  y eso era casi poético y a su regreso la cama mejoraba +1000. El problema era cuando estaban mucho tiempo juntos. Hubieran estado juntos mucho más si él hubiera seguido viajando. Todo empeoró cuando dejó de hacerlo y la sensación de un mal de barco permanente se hizo insoportable para ella.

Durante años y por etapas lo castigó con la más cruel indiferencia sexual, con miles de excusas que iban desde el dolor de cabeza, la tristeza o que los astros no estaban alineados. Ella prefería masturbarse que acostarse con él y sabía que él deseaba ser el deseo de ella. Y en cierta forma lo fue. Ella lo había amado mucho,  pero le devolvió en triplicado los cuernos, los secretos, las enfermedades de transmisión sexual y, sobre todo, el lugar que él le había dado como sujeto en su vida. Para él no era una pareja. Era una concha. Nada más.

Hija de mil, qué mal estaba yo -pensó. Y se acordó de cuando su fiel e incondicional amigo Santi, con los pies metidos en el río Jejuí, mientras veían pasar la vida, le dijo “la gran puta, qué carajo lo que hacés con tu vida” y le cuestionó largamente sus incoherencias, pero sobre todo la calidad de su relación, porque hablando en serio era inexplicable. Las diferencias eran tantas…Nadie entendía esa relación y como diría mi amiga -su hermana- era demasiado estofado para tan poco arroz.

Mi amiga estaba verdaderamente preocupada por su hermana, desmayada y tirada en la calle, ya supo de ella mucho más tarde de lo ocurrido en aquella calle, en el piso 6 del IPS. De ahí todo se había complicado muy rápidamente. “Se va a despertar” – le decía yo- sin muchas esperanzas; pero había que ponerse la pilas y plantar esperanzas.

¿Por qué le odiás tanto a él? le volví a preguntar. Y volvió a repetirme “porque es mal tipo”, pero barajame por qué, -volví a preguntar. Y me respondió el silencio.
Recordé entonces cuando mi amiga me contó que él se ufanaba de no ser buen tipo, que –según él- lo peor que le podía pasar era que dijeran de él que era buen tipo. Que mejor ser un hijo de puta, cosa que parecía cumplir a cabalidad y al mejor estilo paraguayo.
#Opoi cuarta gui la tipo”, le dije. Sí, dijo mi amiga, él es capaz de todo, pero sobre todo es capaz de maquinar cosas para hacer daño. Y eso hizo. Pensó hallar la forma de vengarse y se metió con la hija del ex amante de mi hermana. Lo hizo todo calculadito y mi hermana no sabía, sin embargo él mismo se encargó de contarle.

Recuerdo que ella sonrió triste como quien hubiera previsto la situación y me dijo “cómo le significo todavía. Conociéndolo tengo mis dudas de que haya sido casualidad. Pero él es mi mejor justiciero, si me lo hubiera propuesto no me hubiera salido tan bien la venganza”.

Mi amiga me contó de la vez, hace muchos años,  que la chica le había llamado a la hermana a decir “puta, ramera, bandida, vas a ver hija de mil putas” a causa de otras batallas. Y hoy ella se las vería con la vida, en esa creencia de que todo vuelve. Ni en su más siniestra maldad le hubiera quedado así la guinda en el pastel. Eran tal para cual. La vida, por la mano de él cobraría venganza en su nombre.

Mal de su cabeza…pero los dos -dijo mi amiga- como aterida con tanto sinsentido.

Además de todo, él le había hecho sacar un préstamo, por el que ella había perdido unas propiedades para poder pagar los gastos,  siguió contando.

¿Me decís por qué dos personas se hacen daño de esa manera? Me dijo en esa onda de la pregunta que no espera respuesta y yo por las dudas no dije nada. En eso salió el médico y con mala cara mal disimulada explicó el ACV y lo que ello implicaba y el estado de ella. Habrá que esperar, dijo.

***

Acabamos de llegar del cementerio, yo la acompañé a mi amiga -por supuesto- y estoy como anonadada de la capacidad del odio del ser humano. La imposibilidad de ponerle palabras a las cosas y de cultivar encono. Él se había movido todo el tiempo en base al rencor de nunca poder ser él, de no tener razón nunca, de salir siempre perdidoso de los debates con ella. Ella lo había superado en esas artes de dar vueltas las cosas y en alguna medida, eran la falta el uno del otro, o como decía mi amiga, “era su parte mala”, y estaban muy profundamente implicados.

Me senté en el sofá de mi amiga a descansar, tomé el celular, revisé el tuiter y allí leí lo que me hizo darle la razón a mi amiga: era una persona orgánicamente incapaz de sentir amor por nadie. “Ñandereja esa patética loca. Ahora ya es fiambre. Para que sepas que la mejor mina es la que no te necesita nunca excepto para orgasmos y risas”. Y pensé cuánta verdad había en las palabras de Lacan cuando decía que “la verdad tiene estructura de ficción”.

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