La Bitácora de la Lucer

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La Reina de Corazones

17/07/2011

Ella iba caminando, temprano, apurada, porque siempre jugaba sobre la línea del horario de entrada.

Hecha la raya con mil cosas a cuestas. La compu, la cartera, la vianda, los libros. Eran como sus objetos antifóbicos. Sentía que no era ella, sin ellos.

“Doctorita, parece que tenés que comprarte un carrito” -le dijo un día el hombre del estacionamiento y ella siempre se preguntaba de dónde sacaba tan buena onda el man, trabajando de 07:00 a 20 hs para ganar un salario mínimo -con suerte-, sin IPS, y sin tener donde caerse muerto literalmente.

Siempre sonriente y con una buena onda a prueba de balas le dijo: “Hoy si que viniste churra, doctorita, a quien pa le vas a ver? y se echó a reir.

Como si fuera una premonición.

Ella dio vuelta a la esquina y fue caminando casi corriendo para no llegar más tarde que de costumbre. Llegó a las puertas del edifico y escuchó: Negra! Volteó para encontrar la voz, y allí estaba él.

Ella apenas podía pararse, le temblaban las piernas y no sabía si era por él o por las 20 estocadas en 3 repeticiones que acababa de hacer.

El sonrió para ella, con toda la seducción que podía, ofreciéndole todas las bellezas de la vida. Pinche güey…estaba como quería. Y él lo sabía.

Era de esas sonrisas que te ofrecen el más maravilloso día, sin importar huelgas, dengue, decepciones, traiciones políticas, esa distancia cabrona de todo cuanto te prometieron políticamente y por los cuales te jugaste la vida. Ese ver que cambian honestos por malandrines de vieja data. Esa decepción de ver que en quienes confiaste te traicionan y se alían con asesinos de jóvenes. De jóvenes que te dieron patria en el 99. Aliados a los responsables del llanto de madres, llorando en soledad el dolor más grande -quizá- que pueda haber en la vida: la muerte de un hijo. Pues todo eso –en ese momento- quedaba en el olvido.

Las personas son los lugares, decía el poeta y en ese momento parecía que sólo él, su sonrisa y ella existían. Y ese era el lugar más maravilloso, ese día.

Se bajó de la camioneta,  le ofreció una rosa, sonrió y le dijo “Sos la reina de corazones” contigo la alegría es un viaje permanente. Juguemos a jugar el mejor juego, con el sólo beneficio de comernos a besos, y que ese instante de tu risa y mi risa sea la mejor mano para ambos.

Muda se quedó ella.

¿Tenés miedo de jugar porque creés que no jugarías tan bien?

¿Qué te obliga al mejor juego?

Full mata escalera, pero a una reina no le inquieta eso.

¿Qué te hace pensar que tu “adversario” es demasiado bueno?

Una reina no piensa en eso.

A veces perdemos, es verdad. Perdemos un poco y otras perdemos mucho. Pero no estoy seguro de que abrirse de este juego sea tu verdadero deseo. Todo jugador tiene derecho a una  escalera real: La mejor jugada de póker, según me dijeron.

Juguemos a jugar ¿Querés? Juguemos a comernos a besos de a ratos, de a horas, de a días y veamos qué cartas nos tocan.

Una reina de Corazones no debería temer a eso. ¿O sí?

Le dio un beso y se fue.

Domingo, 10 de abril de 2011 a las 22:50

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