La Bitácora de la Lucer

La Bitácora de la Lucer

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De cuando la verdad tiene estructura de ficción

25/07/2013

tristezaElla fue al súper  e hizo todas las compras. Le había pedido que él pagara con su tarjeta porque ella estaba en una situación económica catastrófica. Monto que a fin de mes debía devolver con intereses. Casi no hablaban. A veces trabajan juntos, brevemente, pero no había mayor comunicación. Parecían más unidos por el espanto que por el cariño. Ella sentía cierta humillación por la situación, pero sus problemas eran tantos que no soportaba agregar uno más a su patrimonio de penas.  El año había venido mal y así seguía.

Ella de un andar rápido, de cabello negro, corto, y un humor raro. Con algunas personas era un dulce y con otras …a según, era una perra. Él…bueno ella nunca supo definirlo, su corazón se pintaba en su rostro. Inquieto, denso, oscuro, podrían decirse muchas cosas, pero una palabra lo definía al parecer: retorcido.

¿Qué les unía? Nunca supimos. Ni su hermana -mi amiga- y mucho menos yo. Mi amiga cuando hablaba de él se iba transformando y se podía notar en su rostro la decepción y la frustración. ¿Pero qué tiene? -le preguntaba- como para entender ese sentimiento. Y mi amiga no lo podía poner en palabras, solo se ponía roja y decía “Hay algo aquí –mientras señalaba su corazón- que me dice que no es buena persona”.

Esa siesta ella salió del súper se despidieron y ambos se dirigieron a sus respectivos vehículos, ella subió todas las compras, hacía 45 grados de calor y el sol lastimaba la vista. Vio a una señora japonesa pasar con medias largas y blusa de mangas largas y no podía dejar de mirarla, azorada, preguntándose cómo podía soportar el calor. Subió al fin a su auto, habían pasado dos minutos, y arrancó. Bueno, intentó que el auto arrancara. Y por más que trató no pudo lograrlo. Finalmente, lo llamó, considerando que estaría aún cerca.

_Hola, ¿podés creer que el auto no me arranca?
_Ah…¿y tu mecánico trabaja hoy?  dijo él.
– No, que va a trabajar un sábado, respondió ella.
_Llamale a la grúa, le sugirió entonces él. No había tenido la menor intención de ayudar. Y como una larga lista de pendientes se le presentaron situaciones en las que lo había llamado para solicitar ayuda y las respuestas fueron parecidas.
_Sí, eso haré –dijo ella. Hacía rato había incurrido en la irresponsabilidad tan típica -en esa ciudad-  de andar sin seguro, debido a la enfermedad que le aquejaba. Había dejado todo. Estaba literalmente en bancarrota. Había vendido la poquita joya de valor que alguna vez había tenido, hizo ferias de garaje hasta que prácticamente se quedó sin ropa, cambiando casi por monedas cuanto tenía para poder comer.

Salió del auto y sintió que el calor le embargaba todo el cuerpo, no sabía si era real o era la sensación de desamparo. Se quedó parada largo tiempo en la calle, como sin saber  qué hacer. Parecía ni reconocer en dónde estaba. Trató de sacar el celular y no podía hallarlo, finalmente cuando lo hizo, no los vio venir, casi que ni se dio cuenta cuando le arrancaron el teléfono de la mano y uno de ellos la apuntó con un pequeño revolver y le dijo “dame la cartera” o si no te mato.

Entregó todo cuanto tenía y se quedó como sonámbula. No sabía cuánto había caminado,  quería saber a dónde dirigirse pero no atinaba a saber con certeza si se dirigía hacía su casa. Luego, se desplomó.

Cuando se despertó estaba tranquila, acostada en un catre de esos hechos con tiras de cuero, bajo el ybapovó, vientesito fresco, en una especie de relax total. Era el campo de Roxi, su amiga de la infancia. ¿Qué  hacía ahí? No sabía. Buscó a su amiga y no estaba por cerca. Pensó que quizá andaba viendo las cimbras, oteando el campo, mirando sus vacas. Lo cierto es que no sabía muy bien que hacía ahí, pero tampoco le importaba mucho. De pronto se acordó de él. Le dolía el corazón cuando pensaba en él. Cuánto daño –por lo visto- le había hecho.

El puto patriarcado es muy cabrón  y como tal coloca esos atributos, que si uno o una no las cumple, el otro te puede cobrar caro. Aprisionados ambos, aunque dijeran que no, cumplían a cabalidad ciertos mandatos sociales.

Se acordó un día cuando ella le dijo “para vos el amor es ir de la concha a las tetas” y nada más. El otro se quedó viéndola como diciendo ¿por qué mierda me decís así, eso, por qué, qué hice? Y en parte era verdad, él se había preocupado en obtener información pero tenía una imposibilidad orgánica para ser compañero. “Solo servís para amante, y a veces ni para eso”, le había dicho ella.

Hija de putaaaaa!!!! qué cruel había sido con él. Le cobró todas sus dolencias, todas las afrentas, todos los abandonos y, sobre todo, todos sus miedos. Tanto le cobró que si bien él había calificado para tales reacciones era como que ella le había puesto mucho afán en el ajuste de cuentas.

Demás está decir que jugaban en ligas diferentes. Ella era mayor que él. Y si él había cumplido con todos los significantes del hijo de puta, abandónico, mujeriego, machista con intenciones supuestas de no serlo, ella se había encargado de hacer justicia por mano propia. Y cómo la hizo.

Ella, por su parte, navegaba en la frivolidad absurda de tratar  de conjuntar todo aún sabiendo que eso era imposible. Un poco inasible para no decir incogible. Gustaba de andar sola y por meses cambiaba de estados de ánimo. A veces era súper fiel, otras disfrutaba de su soledad, como el helado de chocolate y frutilla, que era su perdición, y a veces hacía gala de su fase de coleccionista. No dejaba títere con cabeza, se sabía linda, interesante pero más sabía que desde que empezaba a hablar en cierto tono de voz, al cual le ponía todo su empeño, casi que no se le resistían.  Era muy puta cuando quería, le gustaba y encima disimulaba bien.

Su deporte favorito había parecido ser hacerlo pelota cada vez que podía. Esa relación era una batalla campal. Él viajaba mucho y es verdad, que en la distancia se amaban muchísimo. Cuando sucedía hablaban skype  y eso era casi poético y a su regreso la cama mejoraba +1000. El problema era cuando estaban mucho tiempo juntos. Hubieran estado juntos mucho más si él hubiera seguido viajando. Todo empeoró cuando dejó de hacerlo y la sensación de un mal de barco permanente se hizo insoportable para ella.

Durante años y por etapas lo castigó con la más cruel indiferencia sexual, con miles de excusas que iban desde el dolor de cabeza, la tristeza o que los astros no estaban alineados. Ella prefería masturbarse que acostarse con él y sabía que él deseaba ser el deseo de ella. Y en cierta forma lo fue. Ella lo había amado mucho,  pero le devolvió en triplicado los cuernos, los secretos, las enfermedades de transmisión sexual y, sobre todo, el lugar que él le había dado como sujeto en su vida. Para él no era una pareja. Era una concha. Nada más.

Hija de mil, qué mal estaba yo -pensó. Y se acordó de cuando su fiel e incondicional amigo Santi, con los pies metidos en el río Jejuí, mientras veían pasar la vida, le dijo “la gran puta, qué carajo lo que hacés con tu vida” y le cuestionó largamente sus incoherencias, pero sobre todo la calidad de su relación, porque hablando en serio era inexplicable. Las diferencias eran tantas…Nadie entendía esa relación y como diría mi amiga -su hermana- era demasiado estofado para tan poco arroz.

Mi amiga estaba verdaderamente preocupada por su hermana, desmayada y tirada en la calle, ya supo de ella mucho más tarde de lo ocurrido en aquella calle, en el piso 6 del IPS. De ahí todo se había complicado muy rápidamente. “Se va a despertar” – le decía yo- sin muchas esperanzas; pero había que ponerse la pilas y plantar esperanzas.

¿Por qué le odiás tanto a él? le volví a preguntar. Y volvió a repetirme “porque es mal tipo”, pero barajame por qué, -volví a preguntar. Y me respondió el silencio.
Recordé entonces cuando mi amiga me contó que él se ufanaba de no ser buen tipo, que –según él- lo peor que le podía pasar era que dijeran de él que era buen tipo. Que mejor ser un hijo de puta, cosa que parecía cumplir a cabalidad y al mejor estilo paraguayo.
#Opoi cuarta gui la tipo”, le dije. Sí, dijo mi amiga, él es capaz de todo, pero sobre todo es capaz de maquinar cosas para hacer daño. Y eso hizo. Pensó hallar la forma de vengarse y se metió con la hija del ex amante de mi hermana. Lo hizo todo calculadito y mi hermana no sabía, sin embargo él mismo se encargó de contarle.

Recuerdo que ella sonrió triste como quien hubiera previsto la situación y me dijo “cómo le significo todavía. Conociéndolo tengo mis dudas de que haya sido casualidad. Pero él es mi mejor justiciero, si me lo hubiera propuesto no me hubiera salido tan bien la venganza”.

Mi amiga me contó de la vez, hace muchos años,  que la chica le había llamado a la hermana a decir “puta, ramera, bandida, vas a ver hija de mil putas” a causa de otras batallas. Y hoy ella se las vería con la vida, en esa creencia de que todo vuelve. Ni en su más siniestra maldad le hubiera quedado así la guinda en el pastel. Eran tal para cual. La vida, por la mano de él cobraría venganza en su nombre.

Mal de su cabeza…pero los dos -dijo mi amiga- como aterida con tanto sinsentido.

Además de todo, él le había hecho sacar un préstamo, por el que ella había perdido unas propiedades para poder pagar los gastos,  siguió contando.

¿Me decís por qué dos personas se hacen daño de esa manera? Me dijo en esa onda de la pregunta que no espera respuesta y yo por las dudas no dije nada. En eso salió el médico y con mala cara mal disimulada explicó el ACV y lo que ello implicaba y el estado de ella. Habrá que esperar, dijo.

***

Acabamos de llegar del cementerio, yo la acompañé a mi amiga -por supuesto- y estoy como anonadada de la capacidad del odio del ser humano. La imposibilidad de ponerle palabras a las cosas y de cultivar encono. Él se había movido todo el tiempo en base al rencor de nunca poder ser él, de no tener razón nunca, de salir siempre perdidoso de los debates con ella. Ella lo había superado en esas artes de dar vueltas las cosas y en alguna medida, eran la falta el uno del otro, o como decía mi amiga, “era su parte mala”, y estaban muy profundamente implicados.

Me senté en el sofá de mi amiga a descansar, tomé el celular, revisé el tuiter y allí leí lo que me hizo darle la razón a mi amiga: era una persona orgánicamente incapaz de sentir amor por nadie. “Ñandereja esa patética loca. Ahora ya es fiambre. Para que sepas que la mejor mina es la que no te necesita nunca excepto para orgasmos y risas”. Y pensé cuánta verdad había en las palabras de Lacan cuando decía que “la verdad tiene estructura de ficción”.

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comentarios

Me gustò, mucho. Entraste en el cuerpo y el alma de estos dos desdichados y como!!!, …reflejaste lo mas oscuro, de ambos con un excelente relato, tenes giros, maneras de expresar muy originales. Son un monumento a la soledad y a la compañia mas despiadada y paradojica. Parecieran sostenerse vivos a traves de ese vinculo de bajeza, humillacion, afrentas y agravios , nada tenia sentido . Son sombras errantes, complementos uno de otro??? necesitados a ser sujetos de una relaciòn donde el deseo esta ausente.??, donde no hay respuesta a las interrogantes, mas que el sufrimiento..quienes son?? adonde van??, donde esta colocado el placer?…ademàs no hay palabra, es un trasncurrir de escenas mudas, sin punto de encuentro ni significacion..
La mas cruda escena de soledad, solo hay un resquicio de acercamiento amoroso en la distancia. La presencia hace imposible amarse para estos seres recubiertos de puas , rechazàndose todo el tiempo.

Susana Aspitia

19/08/2013

Gracias, Susana.
Tremenda devolución!

Laura Sánchez

20/08/2013

Muy buena trama y certero reflejo de un cierto modo de relacionamiento del cual no hay salida. Lo unico que pensaria es la alusion al poema de Borges, porque creo que dada la fuerza del relato y escritura no lo necesita. Gracias por compartir.

aliciaheimat

20/08/2013

Alicia, gracias por tomarte el tiempo de leer. Y grax por la devolución.
En qué parte hace alusión a Borges?

Laura Sánchez

20/08/2013

Reblogueó esto en aliciaheimat.

aliciaheimat

20/08/2013

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