La Bitácora de la Lucer

La Bitácora de la Lucer

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Soy

04/10/2012

de La Reina del Sur, el Lunes, 4 de octubre de 2010 a la(s) 14:41 ·

Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,
del tiempo, que es uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.

Jorge Luis Borges

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Capítulo 7 – Julio Cortázar

04/10/2012 1 comentario

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Un caso de mala prensa

04/10/2012

 Pérez Reverte- 1999
Pues nada. Que estaba hace cuatro días sentado en un banco al sol, y en esas se acerca un enano al que los reyes magos debían de haberle traído un equipo de Terminador, o de Men in Black, o de lo que sea, un artilugio a base de mochila sideral y ametralladora ultrasónica. Y sospechando sin duda que yo era un alienígena infiltrado, el pequeño cabrón va y me apunta y me larga a bocajarro una ráfaga de luces de colores y sirena, pi-po, pi-po, y luego se da a la fuga, el canalla, mientras yo intento desesperadamente recuperarme de la taquicardia.

Y me digo hay que ver, colega, algunos prometen ya desde criaturas. Ese, por lo menos, tiene clara su vocación. Seguro que de mayor le gustaría ser artillero serbio. Luego me puse a meditar lo injusta que la Historia ha sido con Herodes. Naturalmente, los niños españoles de ahora, gracias a la esforzada gestión cultural de los ministros del ramo, saben perfectamente quién es el príncipe de Bel Air, pero ignoran por completo quién fue el Rey de Judea, e incluso desconocen qué diablos era Judea.

Además, aquellos cuatro best-seller que escribieron san Mateo y sus colegas cuando el publicano decidió cambiar las finanzas por la literatura, se han caído estrepitosamente de las listas de ventas, entre otras cosas porque con agentes literarios como monseñor Setién o Farol Wojtila- cada uno con su estilo-, cualquier escritor va de cráneo. Aunque lo asistan Wordperfect 6.0 y el Espíritu Santo. Pero volviendo a lo de la injusticia con Herodes, nunca se ha considerado, quería yo decirles, el aspecto positivo del asunto. Porque hay niños que son la leche. Además, tanto hablar de la matanza de los inocentes y que si Herodes por aquí y por allá, pero vete tú a calcular cuántos de esos inocentes iban a seguir siéndolo durante mucho tiempo. Porque Hitler, y Radovan Karadzic y Pinochet, por citar sólo a tres hijos de la gran puta, digo yo que también habrán sido inocentes algunos meses, las criaturas, hasta que un día decidieron poner manos a la obra para aliviar el censo. Y es que nunca se sabe.

Además, hay otro punto discutible en el asunto de ese fulano, Herodes. Recuerdo que en una película italiana que vi hace años, cuyo título lamento no recordar, el hombre se quejaba de que tampoco había matado a tantos niños como se decía, y de que se había exagerado mucho lo ocurrido en Belén. Y, después de darle vueltas al asunto, no puedo menos que darle la razón. Mateo (2,16) dice que el tipo “mandó matar a todos los niños que había en Belén y sus términos de dos años para abajo”. Y ahí es donde surge la leyenda negra de Herodes, y donde el observador imparcial no puede menos que darle la razón al pobre hombre. Porque digo yo: ¿cuántos habitantes podía tener “el pequeño lugar de Belén” que citan los Evangelios?.

Echemos el cálculo. En tiempos de Herodes, un pequeño lugar era eso, un pueblecito, unas cuantas chozas de pastores y campesinos. Según el Espasa, en 1910, Belén tenía sólo 10.000 habitantes, de modo que, si hacemos un cálculo razonable de crecimiento de población, considerando la diáspora y lo demás pero ajustándonos a la densidad demográfica de la época, en el siglo I nos sale un Belén y alrededores habitados por no más de un millar de personas. Y eso, tirando muy a lo bestia. La cifra corresponde a un centenar corto de familias de entonces, más o menos, incluyendo abuelos y nietos con una media de diez personas por familia. Si le calculamos otra media de seis hijos a cada familia y descartamos la mitad como mujeres, nos salen dos o tres hijos varones menores de dieciocho años por cada unidad familiar.

Y ahora bien: de doscientos niñatos que, tirando muy por arriba, podía haber allí, cuántos eran menores de dos años?: Como mucho, considerando la mortalidad infantil y la expectativas de vida de un zagal de la época, un quince o un veinte por ciento. Eso suma treinta o cuarenta, criatura más o criatura menos. Digamos que treinta y cinco. O sea: lo que se cargan Milosevic o Bill Clinton mientras desayunan, en una hora tonta de bombardeo cualquier día entre semana. Y resulta que, por sólo treinta y cinco niños de nada, Herodes I lleva veinte siglos arrastrando una mala prensa y una fama de genocida del carajo. Y encima muchos lo confunden con su hijo y le atribuyen la cabeza del Bautista, lo de Jesucristo y el – comprensible- lío de faldas aquel con la mala zorra de Salomé, que era como Salma Hayek pero en plan perverso. Y es que, como diría el pobre hombre, hay que ver. Unos cardan la lana, y otros llevan la fama.

 

La gente no hace amigos, los reconoce

04/10/2012

Tengo amigos que no saben cuánto son mis amigos.

No perciben el amor que les profeso y la absolutanecesidad que tengo de ellos.

La amistad es un sentimiento más noble que el amor, es que permite que el objeto de ella se divida en otros afectos, en cuanto el amor tiene intrínseco los celos, que no admite la rivalidad. Y yo podría soportar, sin embargo no sin dolor, que hubiesen muerto todos mis amores, mas enloquecería si muriesen todos mis amigos!

Hasta aquellos que no perciben cuando son mis amigos y cuánto mi vida depende de sus existencias…A algunos de ellos no los frecuento, me basta saber que ellos existen. Esta mera condición me llena de coraje para seguir enfrente de la vida.

Mas, porque no los frecuento con asiduidad no les puedo decir cuánto gusto de ellos.Ellos no lo creerán.
Muchos de ellos están leyendo esta crónica y no saben que están incluidos en la sagrada relación de mis amigos.
Mas es delicioso que yo sepa y sienta que los adoro, aunque no se los diga y no los frecuente.

Y las veces, cuando los frecuento, noto que ellos no tienen noción de cómo me son necesarios, de cómo son indispensables a mi equilibrio vital, porque ellos hacen parte del mundo que yo, trémulamente, construí y se tornaron en fundadores de mi encanto por la vida.

Si uno de ellos muriera, yo quedaría torcido para un lado. Si todos ellos murieran, yo me desmoronaría.
Es por eso que, sin que ellos sepan, yo rezo por su vida. Y me avergüenzo, porque esa súplica está, en síntesis, dirigida a mi bienestar.

Ella es, tal vez, fruto de mi egoísmo. A veces, me sumerjo en pensamientos sobre alguno de ellos.
Cuando viajo y estoy delante de lugares maravillosos, me cae alguna lágrima porque no están junto a mí, compartiendo aquel placer…

Si alguna cosa me consume y me envejece es que la rueda furiosa de la vida no me permite tener siempre a mi lado, habitando conmigo, andando conmigo, hablando conmigo, viviendo conmigo, a todos mis amigos, y, principalmente los que solo desconfían o tal vez nunca van a saber que son mis amigos!
La gente no hace amigos, ¡los reconoce!

Quién pudiera reír como llora ella

07/08/2012

Carta de Joaquín Sabina por la muerte de Chavela Vargas

México • Andaba dibujando en un cuadernito, una costumbre que recién adquirí, cuando vi por la televisión, encendida sin sonido, la imagen de Chavela. Di voz al aparato. Se nos fue, escuché. Y me cogió un llanto irreparable. Lo que nunca me había sucedido. Siempre me culpé por no ser capaz de llorar con la muerte de mis padres, pero esta vez me…venció el desconsuelo. Yo nunca me tomé copas con mis ídolos: Bob Dylan, Leonard Cohen o Brassens. Y sí, con Chavela, con la que he cantado, nos hemos abrazado y reído hasta hartarnos. Todas esas veces cuentan y contarán siempre entre las más grandes cosas que me han sucedido en la vida.

Será difícil, por ejemplo, olvidar cómo la conocí. Fue una noche de hace unos veinte años, en Madrid, en la sala Morasol. Dijo: “Yo vivo en el bulevar de los sueños rotos”. Y yo tuve que escribirle una canción con esa frase. Ya se había recuperado de su alcoholismo.

Calculaba que había bebido algo así como 1,8 millones de botellas de tequila y solía decirme cuando me veía beberlo a mí: “Joaquín, ese tequila tuyo es muy malo; el bueno de verdad ya nos lo bebimos José Alfredo Jiménez y yo”. Al conocer la triste noticia, que todos veníamos anticipando, he sentido la necesidad de bajar al bar a tomar uno a su salud, aunque el brebaje sin ella siempre será de los malos.

Aquella primera vez, pedí a Pedro Almodóvar que nos presentara. Al acercarme, escuché cómo él le contaba quién era yo, pues Chavela no tenía la menor idea. “La admiro desde niño”, le dije. “Yo también le admiro mucho a usted”, contestó. Ante la mentira, exclamé. “Vete a la mierda”. Nos fundimos en un largo abrazo del que nunca nos libramos hasta ayer mismo, incluso aunque no pudiéramos vernos en su última visita a España, un viaje que quizá no debió hacer, pues no estaba en condiciones. Entonces, yo estaba de gira y a ella la ingresaron en un hospital.

Con su desaparición, se pierde una manera de cantar llorando, un quejío inigualable, una expresividad fuera de lo común. Unos cojones y unos ovarios nunca vistos en la música popular desde la muerte del bandoneonista Ricardo Goyeneche. Ella no vendía una voz, vendía un estilo. Era una maestra en perder la primera al tiempo que ganaba lo segundo. Algo en lo que yo, sin duda, tengo mucho que aprender. En estos momentos de pérdida me digo: ¡Quién pudiera reír como llora Chavela! Y recuerdo algo estas palabras de Almodóvar: “Desde Jesucristo, nadie ha abierto los brazos como ella”.

La Rescisión del Contrato Social

31/07/2012

“Florero Presidente” refiere a que en Paraguay la vicepresidencia siempre fue considerada como un adorno, de allí el florero.

 Por Milda Rivarola*

Las opiniones contradictorias sobre lo ocurrido el 22 de junio del 2012, dentro y fuera del Paraguay, delatan el carácter confuso y oscuro de ese evento. La variedad de categorizaciones orillan el absurdo: golpe de Estado, sustitución constitucional, golpe parlamentario (con o sin guantes blancos), quiebre institucional, uso de atribuciones le…gales del Congreso, juicio express, mecanismo normal y legal, quiebre o ruptura democrática, etc.Quizá porque la gravedad de lo ocurrido es, como todo lo esencial, aun invisible a los ojos.Porque en un sólo día, a mediados del año siguiente al del Bicentenario, culminó el proceso de degradación de una década: se hizo trizas todo el Contrato Social (Rousseau, 1762) aceptado por la sociedad paraguaya tras la caída del dictador Stroessner. Sus cláusulas “pétreas”, establecidas solemnemente en la Constitución de 1992, venían desgarrándose paulatinamente, hasta que de golpe se rescindió todo el Contrato.Por eso el estupor, de allí el espanto colectivo. Lo brutal de esa rescisión explica el letargo inicial. El golpe parlamentario rompía el último de sus bastiones, según el cual el gobernante paraguayo era electo por la ciudadanía. El principio esencial de toda República, el más clásico, según el cual la soberanía residía en el pueblo y no más en monarcas ni jefes de tribus.Las otras cláusulas de ese Contrato Social habían naufragado silenciosamente en meses o años anteriores. La del imperio de la ley se rompió en 2003, cuando Duarte Frutos, aliado a las bancadas parlamentarias, literalmente “pulverizó” la Corte Suprema de Justicia. En un juicio político algo menos torpe que el de junio del 2012, con veinte causales del libelo, el parlamento forzó la renuncia de cuatro ministros (respetados juristas, en su mayoría) y condenó a otros dos.

Esta decisión tuvo efectos demoledores sobre una justicia en lento proceso de reforma: se tornó un poder lento e ineficiente, politizado, de baja integridad y credibilidad. De los seis indicadores del Banco Mundial (Kaufmann& Kraay) para medir la gobernabilidad de los países a nivel mundial, el de “Imperio de la Ley” en Paraguay, es el único que permanece en su nivel mediocre (17 a 19%), sin mejorías en la última década.

Como la administración de la Justicia carece de una Sala Constitucional cuyas sentencias sean acatadas como legítimas, cualquier autodenominado “constitucionalista” interpreta hoy la Carta Magna a piacere. La Corte dicta Sentencias Definitivas a medida del demandante y no hesita en cambiarlas cuantas veces sean necesarias. Como ese bastión republicano se resquebrajó hasta la ruptura, las crisis entre el Judicial y los otros dos poderes del Estado se tornaron endémicas.

El otro bastión, el de la democracia parlamentaria, con un Congreso electo que representa la diversidad de intereses ciudadanos, venía zozobrando -clientelismo y corrupción electoral mediante- hace tiempo. Pero la reacción ante las reivindicaciones de “indignados” de mayo del 2012 evidenció claramente la ruptura de ese otro pilar. El quiebre final sucedió en dos tiempos: cuando la ciudadanía exigió a sus representantes no dilapidar 50 millones de USD adicionales para sus operadores en el TSJE, los parlamentarios se plegaron a regañadientes, desconcertados ante esta insólita exigencia del Común. No se trataba de funcionarios públicos exigiendo mejores salarios ni de campesinos demandando compensaciones por malas cosechas. Eran manifestantes urbanos, de clase media alta, que no hacían demandas sectoriales sino exigían derechos ciudadanos.

Cuando, alentada por el primer éxito, la ciudadanía reclamó el desbloqueo de las listas partidarias, sus “mandatarios” pasaron a la defensiva, reaccionando como minoría compacta (N. Lechner). Allí acabó la ilusión de representatividad: los senadores trataron a sus mandantes de turba vendida y alcoholizada, de zurdos e ignorantes. En justa reciprocidad, fueron marcados de inmediato como senarratas y dipuchorros, como consta en millares de posteos de redes sociales. Los integrantes del Congreso optaron por auto-representarse a sí mismos y defender apenas sus intereses partidarios, apropiándose de la soberanía popular.

También según este Contrato Social, los conflictos sociales se resolvían pacíficamente, por la ley. El campesinado descreía ya de la imparcialidad de los jueces y fiscales, tentados a favorecer intereses de los poderosos, en detrimento de los suyos. El centenar de militantes campesinos muertos por fuerzas policiales o parapoliciales durante la transición, y la ataraxia de la Justicia paraguaya respecto a las tierras malhabidas, justificaban ampliamente esta desconfianza.

Pero el enfrentamiento entre fuerzas policiales y miembros de la Liga Nacional de Carperos, con un saldo de al menos 17 muertos el 15 de junio, echó por tierra lo que restaba de este principio. A partir de allí, la cuestión agraria amenaza litigarse ya abiertamente con las armas. Las organizaciones campesinas entendieron -antes que muchas otras- la ruptura del Contrato Social: ya desesperan de hallar justicia sobre tierras que el Estado les niega, para obsequiarlas a los grandes propietarios, ya no conocen fiscales capaces de separar culpables de victimas en la masacre de Curuguaty.

Por fin, el juicio político del 22 de junio derogó la última cláusula del Contrato de 1992. La más valiosa para la percepción de la gente: el presidente no llega al poder por golpes de Estado, reelecciones amañadas, maniobras de minorías ni sucesiones monárquicas, sino por el voto popular. Un campesino lo expresó con simplicidad y dolor en una entrevista radial: ¿por qué no venderían ahora su voto -la lección repetida hace veinte años por sus dirigentes- si esa papeleta ya no valía nada?. Si ahora sabían que la voluntad mayoritaria podía ser robada impunemente por 39 personas, en menos de 24 horas.
Por eso la gente común, el Común, reaccionó con incertidumbre, miedo o silencio ante lo que parecía un cambio de gobierno, pero en realidad era un quiebre social y político mucho más grave. Gente común, la que no lee Hobbes ni Rousseu, no reconoce a Habermas, Montesquieu o Lechner, percibió con extrema lucidez que el Contrato Social bajo el cual convivieron -mal o bien- durante dos décadas, acababa de rescindirse.

Y los letrados saben que al fenecer un Contrato -del tipo que sea- se retorna al anterior, recupera vigencia el “consuetudinario”. Es así como la elite conservadora paraguaya se apresuró en rehabilitar -con notable eficiencia y memoria- las cláusulas del Contrato Social anterior, el Stronista. El alegato del abogado Adolfo Ferreiro en el Congreso la tarde del 22 de junio -no el jurídico, inservible ante ese auditorio, sino el político, el del “espíritu de las leyes” y los principios democráticos- confrontó abiertamente este retorno.

Porque ese libelo acusatorio -proferido, más que presentado- por un tránsfuga de las carpas oviedo-stronistas a las cartistas, recurría abiertamente a la cláusula madre de la represión dictatorial: los delitos políticos no necesitaban ser probados, por ser “de público conocimiento”. Esa acusación, radicalmente opuesta al Contrato republicano y democrático de 1992, fue públicamente aprobada por la casi totalidad de la Cámara, que sancionó de esta forma el retorno al Contrato dictatorial.

Cuando el Contrato Social fenece, se retorna a la barbarie. Un brillante artículo de Luis A. Boh expresa ese retroceso al salvajismo, al planeta de los simios. O al hobbesiano homen hominis lupus est (Leviatán, 1651), cuando los lobos salen a los campos y entran a las ciudades, porque el Contrato anterior ya no es válido y las elites acaban de poner el vigencia el más antiguo. Contrato expresado hoy en la violencia verbal de las redes, en la brutal prepotencia de los “soberanos”, en las editoriales de la prensa comercial, y en prácticas policiales que recuperan, con naturalidad, sus añoradas arbitrariedades represivas.

No es accidental que, de modo inconsciente, analistas locales e internacionales apelen a símbolos de bestialidad animal o humana para calificar la praxis de la “nueva política” paraguaya: desde el retorno de los simios, pasando por el de manada de dinosaurios o bandada de avestruces asustados, hasta la de hombres cavernícolas o trogloditas.

Heridos de muerte los principios republicanos, roto el de por sí endeble tejido social (dos de cada cinco paraguayos siguen sin siquiera comer lo necesario), el Contrato neo-stronista apela una vez más al peligro exterior (el de la Triple Alianza + uno) y al feroz aglutinante ideológico del nacionalismo, para reconstruir la fachada de la “unidad nacional”. Y exacerba el miedo colectivo, aludiendo al peligro de guerra civil, amenazando a los “zurdos” o “bolivarianos asesinos” en las calles y en las redes. Se fundamenta una vez más en los arcaicos lemas de la Doctrina de Seguridad Nacional, que ven en los “enemigos internos”, en los “legionarios”, en los “malos paraguayos”, el mayor peligro contra la nacionalidad.

Aunque, considerando sus consecuencias mediatas, la rescisión de un contrato social paulatinamente resquebrajado en la transición y en la alternancia, está generando un efecto no querido por sus ejecutores. Nunca antes la sociedad paraguaya debatió y reflexionó como ahora sobre la política. Está hoy preguntándose en centenares de espacios, foros, organizaciones civiles o sociales qué fue, como se quebró, que será de hoy en más la democracia paraguaya. Inquiriendo qué se hizo mal, cómo quieren convivir civilizadamente los paraguayos -hombres y mujeres- después de este quiebre brutal.

Ni siquiera entre 1989 y 1992, ciudadanos de todas las edades y condiciones sociales cuestionan con tan intensa curiosidad qué fue realmente la dictadura, cómo pervivieron la corrupción y el clientelismo, cómo actúan aquí y en otros países los partidos políticos, qué son la globalización y la soberanía regional, cuanto destruyen al país la desigualdad y la concentración de activos e ingresos, cuanto de verdad o mentira reproducen los medios y las redes sociales.

Esta crisis se revela, para ellos, una crisis terminal. Pertenecen a una nueva generación paraguaya -la que, al no haber aprendido el miedo, no sabe repetir las miserias ni los oportunismos del pasado- que hoy está escribiendo, con libertad, igualdad y fraternidad, el Contrato Social del futuro.

sabado, 21 de junio, 2012
 
*Socióloga, historiadora paraguaya.
 

Memoires d’ Hadrien

18/07/2011

…El paisaje de mis días parece estar compuesto, como las regiones montañosas, de materiales diversos amontonados sin orden alguno. Veo allí mi naturaleza, ya compleja, formada por partes iguales de instinto y de cultura.

Aquí y allá afloran los granitos de lo inevitable: por doquier, los desmoronamientos del azar. Trato de recorrer nuevamente mi vida en busca de su plan, seguir una vena de plomo o de oro, o el fluir de un río subterráneo, pero este plan ficticio no es más que una ilusión óptica del recuerdo.

De tiempo en tiempo, en un encuentro, un presagio, una serie definida de sucesos, me parece reconocer una fatalidad; pero demasiados caminos no llevan a ninguna parte, y demasiadas sumas no se adicionan.

En esta diversidad y este desorden, percibo la presencia de una persona, pero su forma está casi siempre configurada por la presión de las circunstancias; sus rasgos se confunden como una imagen reflejada en el agua. No soy de los que afirman que sus acciones no se les parecen.

Muy al contrario, pues ellas son mi única medida, el único medio de grabarme en la memoria de los hombres y aun en la mía propia; quizá sea la imposibilidad de seguir expresándose y modificándose por la acción lo que constituye la diferencia entre un muerto y un ser viviente. Pero entre yo y los actos que me constituyen existe un hiato indefinible. La prueba está en que sin cesar siento la necesidad de pensarlos, explicarlos, justificarlos ante mí mismo.

Ciertos trabajos que duraron poco son despreciables, pero otras ocupaciones que abarcaron toda mi vida no me parecen más significativas. En el momento de escribir esto, por ejemplo, no me parece esencial haber sido emperador.

Marguerite Yourcenar

Tipos de lucers

18/07/2011

 

1- Esférico, por donde lo mires es un lúicer

3-Fosforescente, hasta en la oscuridad uno pilla que es un lúcer

4-Telescópico, desde lejos uno ve que es un lúcer

5- Poliédrico, desde cualquier ángulo es un lúcer

6- Epifánico, su cara resplandece luz de lúcer

7- Filosófico, no necesitás pensar mucho para concluir que es un lúcer

8- Full – Time, las 24 hs del día y de la noche es un lúcer

9- Part – Time, y… tiene sus arranques de lúcer

10- De puro pedigree, cuenta con un rancio abolengo de lúcer

11- 2.0 desparrama por toda la web su estilo de lúcer

12- Avión de las seis, deja una estela de más de 2 km de lúcer

13- Open-lúcer, siempre está abierto a desarrollar nuevos lenguajes de lúcer

Fuente anónima.

Poema del amigo

18/07/2011

Se necesita un amigo.
No es necesario que sea hombre,
basta que sea humano,
basta que tenga sentimientos,
basta que tenga corazón.
Se necesita que sepa hablar y callar,
sobre todo que sepa escuchar.
Tiene que gustar de la poesía,
de la madrugada, de los pájaros, del Sol,
de la Luna, del canto, de los vientos
y de las canciones de la brisa.
Debe tener amor, un gran amor por alguien,
o sentir entonces, la falta de no tener ese amor.
Debe amar al prójimo y respetar el dolor que
los peregrinos llevan consigo.
Debe guardar el secreto sin sacrificio.
Debe hablar siempre de frente y
no traicionar con mentiras o deslealtades.
No debe tener miedo de enfrentar nuestra mirada.
No es necesario que sea de primera mano,
ni es imprescindible que sea de segunda mano.
Puede haber sido engañado,
pues todos los amigos son engañados.
No es necesario que sea puro,
ni que sea totalmente impuro,
pero no debe ser vulgar.
Debe tener un ideal, y miedo de perderlo,
y en caso de no ser así,
debe sentir el gran vacío que esto deja.
Tiene que tener resonancias humanas,
su principal objetivo debe ser el del amigo.
Debe sentir pena por las personas tristes
y comprender el inmenso vacío de los solitarios.
Se busca un amigo para gustar
de los mismos gustos,
que se conmueva cuando es tratado de amigo.
Que sepa conversar de cosas simples,
de lloviznas y de grandes lluvias y
de los recuerdos de la infancia.
Se precisa un amigo para no enloquecer,
para contar lo que se vio de bello y
de triste durante el día, de los anhelos
y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad.
Debe gustar de las calles desiertas,
de los charcos de agua y los caminos mojados,
del borde de la calle, del bosque después de la lluvia,
de acostarse en el pasto.
Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir,
no porque la vida es bella, sino porque estamos juntos.
Se necesita un amigo para dejar de llorar.
Para no vivir de cara al pasado,
en busca de memorias perdidas.
Que nos palmee los hombros,
sonriendo o llorando,
pero que nos llame amigo,
para tener la conciencia de que aún estamos vivos.

Vinicius de Moraes.

La poesía es un arma cargada de futuro

18/07/2011

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades:

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quienes somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: Poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: Lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.

GABRIEL CELAYA (“Poesía urgente”)

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